El frio acero se desliza suavemente por mi piel. Resbala como si fuese mantequilla y penetra lo que se le interponga. Mi mano se entume y mi bañera se tiñe de rojo. el vapor emana un olor a sangre, olor a muerte. Mi cuerpo se va quedando sin fuerzas hasta que comienzo a hundirme en la bañera. Mi boca comienza a sumergirse y unas cuantas burbujas se pueden ver salir desde mi alma.
Yazgo inerte dentro de un perfume de ciruelo blanco. En mi bañera se comienza a hacer una infusión con sangre y lágrimas, emanando vapores de tristeza y desesperación. La colera ya jamás volverá a ser tanta. Ya tus ojos no habrán de reflejar mi sonrisa. Eternas cicatrices me acompañaran al Valhalla.
La lucha mas solemne es siempre la que se lleva consigo mismo...


